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miércoles, 29 de septiembre de 2010
Sabe qué, presidente? Ese es su derecho
Carlos J. Acosta
Por allá por el año 2007 escribimos un artículo donde afirmábamos que no se hace revolución con loros y focas; por supuesto, suponemos que no lo leyó por aquello de “águila no caza moscas”. La verdad es que no tenemos idea de lo que se siente ser águila, seguramente el Che, Camilo o el Mono Jojoy murieron sin saberlo.
En ese momento, planteábamos porque no nos sorprendían los resultados de la reforma y argumentábamos entre otras cosas que era una derivación de tratar de invisibilizar a todo aquel que no cantase a coro UH AH CHÁVEZ NO SE VA.
En ese artículo adelantábamos que la mayor reflexión debía realizarla Ud., siendo necesaria una revisión a lo interno para entender que no se puede construir un proceso de cambios convocando sólo a los amigos, adulantes, lisonjeantes o simplemente jalabolas.
Ud. puede ahora hacerle caso a Aristóbulo y afirmar que fue un triunfo contundente del PSUV. Ud. puede convencerse que nombrar como en 2007 a su “amigo” Arias Cárdenas para el Zulia o mantener a William Fariñas en Nueva Esparta fue un éxito.
Ud. puede seguir alabando a Tarek y Maestre como gobernadores revolucionarios. Es su derecho.
Ud. puede convocar a una Cadena Nacional y explicarnos con chistes, cuentos y anécdotas familiares que el hecho de que 7 de cada 10 venezolanos no lo acompañasen en estas elecciones que Ud. convirtió en plebiscito no vinculante, es sólo un pequeño tropiezo.
Es su derecho.
Ud. puede seguir de noche llamando a eso que llaman La Hojilla y apoyar ese escenario de fomento de la cultura de la burla, la descalificación y la homofobia. Ud. puede continuar contándonos que los millones de kilos de alimentos podridos fue sólo una mala jugada del imperio y que la falta de luz es sólo un saboteo.
Es su derecho.
Ud. puede autonombrarse marxista y revolucionario pero no gritar dolor ante el asesinato del Comandante Mono Jojoy; el compa Juancho, otra mosca sin aspiraciones de águila, lo llamó en un excelente artículo “Una de las mejores lanzas de Nuestramérica”, Ud. aprovechó la transmisión para alabar el canal de Cisneros. Es su derecho.
Ud. puede insistir que el PSUV es un partido revolucionario y que el pueblo escogió sus candidatos. Ud. puede contar ahora que se recuperó Carabobo y que ganó en la mayoría de los estados, sin tomar en cuenta la Ingeniería Electoral del CNE. Ud. puede seguir creyendo que pueblo es Lina Ron y 50 motorizados. Ud. puede ilustrarnos que no cumplir la meta de 120 diputados, ni los 2/3, ni siquiera los 3/5 de la Asamblea Nacional es un triunfo de la revolución.
Es su derecho.
Lo otro presidente, sería que Ud. entendiese que el Socialismo Burocrático conduce al fanatismo y al sectarismo y que 70 años de la URSS y 50 de Cuba demostraron que ese no es camino. El dilema no puede ser neoliberalismo o partidocracia, sino construir una verdadera Democracia Radical Participativa, donde el pueblo conformado en Constituyente Permanente decida día a día el rumbo de este proceso.
La idea marxiana es destruir el Estado no fortalecerlo y para eso hace falta mucho más que leyes e instituciones burguesas; se necesita meterse profundo en los caminos del pueblo, mostrar sus necesidades, compartir sus angustias y no presentar una programación del tipo del Sistema Nacional de Medios Públicos donde todo es positivo.
La revolución debe tener como objetivo iluminar a los olvidados de la tierra, si se intenta invisibilizarlos, ahí estará Globovisión para sacarlos a la luz y mostrarse como su aliado.
El águila, no Ud. que no caza moscas sino el otro, el Águila imperial, acecha y no será con la política del miedo dirigida hacia quien recibe una beca o disfruta de un salario cada día más menguado por la inflación que podremos derrotarlo.
No se si Ud. se habrá dado cuenta, pero actuar como el avestruz ante la corrupción y la ineficiencia no ha dado buenos resultados.
Claro, estas son sólo reflexiones de una simple mosca y Ud. sabe como somos las moscas que no pedimos permiso para importunar.
Sabe qué presidente? Me gustaría tratarle de tú como a un kamarada, como al Che, como al Mono, como a Camilo, quién sabe si eso será posible algún día, por lo pronto espero que supere el Síndrome del Titanic.
El grito sigue siendo el mismo… HASTA LA VICTORIA SIEMPRE… VENCEREMOS.
Por allá por el año 2007 escribimos un artículo donde afirmábamos que no se hace revolución con loros y focas; por supuesto, suponemos que no lo leyó por aquello de “águila no caza moscas”. La verdad es que no tenemos idea de lo que se siente ser águila, seguramente el Che, Camilo o el Mono Jojoy murieron sin saberlo.
En ese momento, planteábamos porque no nos sorprendían los resultados de la reforma y argumentábamos entre otras cosas que era una derivación de tratar de invisibilizar a todo aquel que no cantase a coro UH AH CHÁVEZ NO SE VA.
En ese artículo adelantábamos que la mayor reflexión debía realizarla Ud., siendo necesaria una revisión a lo interno para entender que no se puede construir un proceso de cambios convocando sólo a los amigos, adulantes, lisonjeantes o simplemente jalabolas.
Ud. puede ahora hacerle caso a Aristóbulo y afirmar que fue un triunfo contundente del PSUV. Ud. puede convencerse que nombrar como en 2007 a su “amigo” Arias Cárdenas para el Zulia o mantener a William Fariñas en Nueva Esparta fue un éxito.
Ud. puede seguir alabando a Tarek y Maestre como gobernadores revolucionarios. Es su derecho.
Ud. puede convocar a una Cadena Nacional y explicarnos con chistes, cuentos y anécdotas familiares que el hecho de que 7 de cada 10 venezolanos no lo acompañasen en estas elecciones que Ud. convirtió en plebiscito no vinculante, es sólo un pequeño tropiezo.
Es su derecho.
Ud. puede seguir de noche llamando a eso que llaman La Hojilla y apoyar ese escenario de fomento de la cultura de la burla, la descalificación y la homofobia. Ud. puede continuar contándonos que los millones de kilos de alimentos podridos fue sólo una mala jugada del imperio y que la falta de luz es sólo un saboteo.
Es su derecho.
Ud. puede autonombrarse marxista y revolucionario pero no gritar dolor ante el asesinato del Comandante Mono Jojoy; el compa Juancho, otra mosca sin aspiraciones de águila, lo llamó en un excelente artículo “Una de las mejores lanzas de Nuestramérica”, Ud. aprovechó la transmisión para alabar el canal de Cisneros. Es su derecho.
Ud. puede insistir que el PSUV es un partido revolucionario y que el pueblo escogió sus candidatos. Ud. puede contar ahora que se recuperó Carabobo y que ganó en la mayoría de los estados, sin tomar en cuenta la Ingeniería Electoral del CNE. Ud. puede seguir creyendo que pueblo es Lina Ron y 50 motorizados. Ud. puede ilustrarnos que no cumplir la meta de 120 diputados, ni los 2/3, ni siquiera los 3/5 de la Asamblea Nacional es un triunfo de la revolución.
Es su derecho.
Lo otro presidente, sería que Ud. entendiese que el Socialismo Burocrático conduce al fanatismo y al sectarismo y que 70 años de la URSS y 50 de Cuba demostraron que ese no es camino. El dilema no puede ser neoliberalismo o partidocracia, sino construir una verdadera Democracia Radical Participativa, donde el pueblo conformado en Constituyente Permanente decida día a día el rumbo de este proceso.
La idea marxiana es destruir el Estado no fortalecerlo y para eso hace falta mucho más que leyes e instituciones burguesas; se necesita meterse profundo en los caminos del pueblo, mostrar sus necesidades, compartir sus angustias y no presentar una programación del tipo del Sistema Nacional de Medios Públicos donde todo es positivo.
La revolución debe tener como objetivo iluminar a los olvidados de la tierra, si se intenta invisibilizarlos, ahí estará Globovisión para sacarlos a la luz y mostrarse como su aliado.
El águila, no Ud. que no caza moscas sino el otro, el Águila imperial, acecha y no será con la política del miedo dirigida hacia quien recibe una beca o disfruta de un salario cada día más menguado por la inflación que podremos derrotarlo.
No se si Ud. se habrá dado cuenta, pero actuar como el avestruz ante la corrupción y la ineficiencia no ha dado buenos resultados.
Claro, estas son sólo reflexiones de una simple mosca y Ud. sabe como somos las moscas que no pedimos permiso para importunar.
Sabe qué presidente? Me gustaría tratarle de tú como a un kamarada, como al Che, como al Mono, como a Camilo, quién sabe si eso será posible algún día, por lo pronto espero que supere el Síndrome del Titanic.
El grito sigue siendo el mismo… HASTA LA VICTORIA SIEMPRE… VENCEREMOS.
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dialecticandito
sábado, 21 de agosto de 2010
LOS REVOLUCIONARIOS REACCIONARIOS
Carlos J. Acosta
En alguna oportunidad escribimos sobre el paradigma educativo que se implementa en la Universidad Bolivariana de Venezuela: “El Construccionismo Conductivo”.
Se trata de una metodología donde quien asume la dirección del eje temático, dedica la mayor parte del tiempo (sólo el habla) a resaltar las bondades de la investigación-acción participativa, de la importancia del protagonismo colectivo; pero, cuando algún participante intenta exponer sus puntos de vista, inmediatamente es objeto de censura o represión.
Esta situación no ha sido corregida, sino que tiende a agravarse cada día más. Toda iniciativa que intente corregir las deficiencias, es inmediatamente ´coordinada´ por las autoridades académicas.
Ahora bien, si analizamos lo que viene sucediendo a nivel nacional, nos encontramos con que se trata de algo sistemático en la forma de considerar los procesos de transformaciones. Algo que va más allá de la educación y que se aprecia en la comunicación, en la política y en la actuación de los militantes y directores de esta orquesta llamada proceso bolivariano.
Acá tenemos una categoría que ni el propio Marx fue capaz de vislumbrar: La REACCIÓN REVOLUCIONARIA, cuyo esquema de acción es la pacatería, la censura, la burla y la descalificación.
La idea de quienes asumen esta nueva clase política es manejar una desorganización organizada para que cada una de las iniciativas, transformadoras la mayoría, se queden en meros saludos a la bandera, en retórica para los discursos, en fraseología bonita pero ineficaz para cambiar el estado de opresión de la mayoría del país.
Una de las principales características de este grupo es negar todo acto o acción que pueda identificar actos de corrupción o ineficiencia, contando para ello con algo que mientan Sistema Nacional de Medios Públicos y con la complacencia de muchos medios alternativos, atraídos al plato de migajas.
Si algún medio privado adelanta la noticia, éste debe ser tratado inmediatamente como pitiyanqui, escuálido o cualquier otro calificativo, y por supuesto ir al árbol genealógico de quien habló para ver si tuvo una tatarabuela que se acostó con un oligarca; o se robó unas patillas cuando muchacha; siendo indispensable ridiculizar al medio o a l@s denunciantes
Tal vez estemos equivocados, de hecho nos la pasamos en eso, pero lo que observamos en el día a día en la calle nos indica que el gobierno y sus asalariados padecen el Síndrome del Titanic y se plantean que ejerciendo la censura sobre el pensamiento y su divulgación, las cosas dejan de existir.
Pero la verdad es que la obstinada realidad les derrumba la estrategia a estos cerebrados exponentes del nuevo paradigma comunicacional y político. Veamos.
Se minimiza el problema de la inseguridad que se vive a diario en nuestros barrios. Algunos se ríen de ella protegidos por innumerables guardaespaldas. Otros dicen que es parte de un show mediático. Si le dan un tiro a una pelotera en Fuerte Tiuna, se muda el torneo y problema resuelto. Resultado: 4 días después un soldado les cae a tiros a unos oficiales dentro de la instalación militar.
Se ridiculiza y niega la presencia de grupos armados en la frontera, como si eso fuese algo nuevo. Resultado: Los habitantes de esas regiones escuchan incrédulos y el sicariato avanza cada día más en nuestras ciudades sembrando droga y muerte.
Se banaliza la aparición de toneladas de alimentos descompuestos y medicinas vencidas. Resultado: La corrupción e ineficiencia campea tranquila llenándose los bolsillos a costa de las necesidades del pueblo.
Se anuncia en cadena nacional la superación de la crisis eléctrica que produjo la baja de nivel del Guri. Resultado: El pueblo a oscuras se pregunta como es posible que esto suceda si los embalses están rebosados.
Se aplaude las buenas relaciones con el asesino de Raúl Reyes y demás combatientes masacrados en el Putumayo. Resultado: Dentro de poco tiempo conoceremos a través de los comunicadores del gobierno hasta las trampas que hacía Santos jugando el escondite cuando niño.
Los Revolucionarios Reaccionarios han asumido como mentor ideológico, a un tal Paul Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
Se tiende a colocar a la población a pensar desde el estómago y no desde la inteligencia, a través de la amenaza de perder una beca o un salario cada día menos adecuado. A la burocracia le interesa este tipo de militantes. Se intenta de esta manera, evitar la polémica sobre los temas de interés nacional.
Cada vez que un funcionario o candidato del gobierno es invitado a debatir la respuesta es la misma: “águila no caza moscas”. Por supuesto, todos ellos son águilas y los demás simples insectos que sólo existimos gracias a su magnanimidad; y claro, donde no se discute se impone el tareismo y el seguidismo al líder, sin objeción: MANDE COMANDANTE.
Esta frase les permite salir del problema, pues para ir a un debate lo primero es tener ideas.
El problema para ellos es que cada vez son menos quienes los siguen, pues este pueblo despertó hace rato y descubrió que estos “dirigentes” que rehúyen la discusión ya no lo representan. Muestra de esto, es la cada vez menor presencia del pueblo en los actos oficiales, donde sólo se observan empleados gubernamentales, becados o tarifados, reduciéndose dichos actos a repetición de consignas.
Y es que para el hombre y la mujer de a pie le resulta difícil asistir a esos actos oficiales, escuchar los mismos cuentos una y otra vez, reírse de los mismos chistes aparentando que es la primera vez que los escuchan. El pueblo tal vez no sepa, pero intuye.
Ciertamente, la mayoría de la población no está lo suficientemente formada como para dar el debate de las ideas, pero hay en ella esa intuición milenaria de los pueblos, esa sabiduría innata que le lleva a alejarse cada día más de la pacatería y las posiciones ramplonas de estos cabecillas oficiales.
Bueno, seguramente continuarán con esta forma de entender una revolución haciendo de la burla una cultura, de la descalificación una rutina, intentando esconder la basura bajo la alfombra. Veremos si les funciona la estrategia, en caso contrario ya sabemos quienes seremos nuevamente los culpables de su derrota.
En alguna oportunidad escribimos sobre el paradigma educativo que se implementa en la Universidad Bolivariana de Venezuela: “El Construccionismo Conductivo”.
Se trata de una metodología donde quien asume la dirección del eje temático, dedica la mayor parte del tiempo (sólo el habla) a resaltar las bondades de la investigación-acción participativa, de la importancia del protagonismo colectivo; pero, cuando algún participante intenta exponer sus puntos de vista, inmediatamente es objeto de censura o represión.
Esta situación no ha sido corregida, sino que tiende a agravarse cada día más. Toda iniciativa que intente corregir las deficiencias, es inmediatamente ´coordinada´ por las autoridades académicas.
Ahora bien, si analizamos lo que viene sucediendo a nivel nacional, nos encontramos con que se trata de algo sistemático en la forma de considerar los procesos de transformaciones. Algo que va más allá de la educación y que se aprecia en la comunicación, en la política y en la actuación de los militantes y directores de esta orquesta llamada proceso bolivariano.
Acá tenemos una categoría que ni el propio Marx fue capaz de vislumbrar: La REACCIÓN REVOLUCIONARIA, cuyo esquema de acción es la pacatería, la censura, la burla y la descalificación.
La idea de quienes asumen esta nueva clase política es manejar una desorganización organizada para que cada una de las iniciativas, transformadoras la mayoría, se queden en meros saludos a la bandera, en retórica para los discursos, en fraseología bonita pero ineficaz para cambiar el estado de opresión de la mayoría del país.
Una de las principales características de este grupo es negar todo acto o acción que pueda identificar actos de corrupción o ineficiencia, contando para ello con algo que mientan Sistema Nacional de Medios Públicos y con la complacencia de muchos medios alternativos, atraídos al plato de migajas.
Si algún medio privado adelanta la noticia, éste debe ser tratado inmediatamente como pitiyanqui, escuálido o cualquier otro calificativo, y por supuesto ir al árbol genealógico de quien habló para ver si tuvo una tatarabuela que se acostó con un oligarca; o se robó unas patillas cuando muchacha; siendo indispensable ridiculizar al medio o a l@s denunciantes
Tal vez estemos equivocados, de hecho nos la pasamos en eso, pero lo que observamos en el día a día en la calle nos indica que el gobierno y sus asalariados padecen el Síndrome del Titanic y se plantean que ejerciendo la censura sobre el pensamiento y su divulgación, las cosas dejan de existir.
Pero la verdad es que la obstinada realidad les derrumba la estrategia a estos cerebrados exponentes del nuevo paradigma comunicacional y político. Veamos.
Se minimiza el problema de la inseguridad que se vive a diario en nuestros barrios. Algunos se ríen de ella protegidos por innumerables guardaespaldas. Otros dicen que es parte de un show mediático. Si le dan un tiro a una pelotera en Fuerte Tiuna, se muda el torneo y problema resuelto. Resultado: 4 días después un soldado les cae a tiros a unos oficiales dentro de la instalación militar.
Se ridiculiza y niega la presencia de grupos armados en la frontera, como si eso fuese algo nuevo. Resultado: Los habitantes de esas regiones escuchan incrédulos y el sicariato avanza cada día más en nuestras ciudades sembrando droga y muerte.
Se banaliza la aparición de toneladas de alimentos descompuestos y medicinas vencidas. Resultado: La corrupción e ineficiencia campea tranquila llenándose los bolsillos a costa de las necesidades del pueblo.
Se anuncia en cadena nacional la superación de la crisis eléctrica que produjo la baja de nivel del Guri. Resultado: El pueblo a oscuras se pregunta como es posible que esto suceda si los embalses están rebosados.
Se aplaude las buenas relaciones con el asesino de Raúl Reyes y demás combatientes masacrados en el Putumayo. Resultado: Dentro de poco tiempo conoceremos a través de los comunicadores del gobierno hasta las trampas que hacía Santos jugando el escondite cuando niño.
Los Revolucionarios Reaccionarios han asumido como mentor ideológico, a un tal Paul Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
Se tiende a colocar a la población a pensar desde el estómago y no desde la inteligencia, a través de la amenaza de perder una beca o un salario cada día menos adecuado. A la burocracia le interesa este tipo de militantes. Se intenta de esta manera, evitar la polémica sobre los temas de interés nacional.
Cada vez que un funcionario o candidato del gobierno es invitado a debatir la respuesta es la misma: “águila no caza moscas”. Por supuesto, todos ellos son águilas y los demás simples insectos que sólo existimos gracias a su magnanimidad; y claro, donde no se discute se impone el tareismo y el seguidismo al líder, sin objeción: MANDE COMANDANTE.
Esta frase les permite salir del problema, pues para ir a un debate lo primero es tener ideas.
El problema para ellos es que cada vez son menos quienes los siguen, pues este pueblo despertó hace rato y descubrió que estos “dirigentes” que rehúyen la discusión ya no lo representan. Muestra de esto, es la cada vez menor presencia del pueblo en los actos oficiales, donde sólo se observan empleados gubernamentales, becados o tarifados, reduciéndose dichos actos a repetición de consignas.
Y es que para el hombre y la mujer de a pie le resulta difícil asistir a esos actos oficiales, escuchar los mismos cuentos una y otra vez, reírse de los mismos chistes aparentando que es la primera vez que los escuchan. El pueblo tal vez no sepa, pero intuye.
Ciertamente, la mayoría de la población no está lo suficientemente formada como para dar el debate de las ideas, pero hay en ella esa intuición milenaria de los pueblos, esa sabiduría innata que le lleva a alejarse cada día más de la pacatería y las posiciones ramplonas de estos cabecillas oficiales.
Bueno, seguramente continuarán con esta forma de entender una revolución haciendo de la burla una cultura, de la descalificación una rutina, intentando esconder la basura bajo la alfombra. Veremos si les funciona la estrategia, en caso contrario ya sabemos quienes seremos nuevamente los culpables de su derrota.
martes, 3 de agosto de 2010
Misión Sucre o universidades (V)
Carlos J. Acosta
Si en algún espacio se puede observar hacia donde se encamina esto que algunos llaman “proceso”, es en la Misión Sucre. Acá nada es homogéneo, todo es diverso: raza, género, edad, credo, militancia. Tal vez, sea entonces esta misión el lugar ideal para quien desee profundizar en el análisis de cuanto se ha logrado y en donde hemos fallado, en estos últimos años.
Claro, no es algo que se pueda percibir de una rápida pasada, hace falta recorrer sus caminos, adentrarse en sus veredas, pararse en sus esquinas, agudizar la mirada, penetrar en las historias humanas, escuchar con atención a los seres que conviven en esta comunidad.
A primera vista, se percibe un grupo compacto de hombres y mujeres en defensa de la revolución. Pero, cuando nos dedicamos a dialogar en pequeños grupos o en forma individual, comienzan a aparecer todos los problemas que no hemos podido superar.
Sin embargo, no es sobre esto que pretendemos hablar ahora, porque sería llover sobre mojado y nos quedaríamos en la crítica, y siendo fiel a lo que señalamos a los estudiantes, debemos plantear siempre nuestra idea de como superarla.
Como siempre, la solución que nos permite teorizar la obtenemos de la práctica cotidiana.
Esa práctica nos condujo a un par de reuniones de fin de curso con 2 colectivos de aldeas diferentes. En ambas, notamos la alegría que conlleva este tipo de actividades pero al mismo tiempo la nostalgia al comprender que difícilmente volvería a repetirse con el mismo grupo, ya que cada quien iría a estudios diferentes.
Llama la atención como en apenas 4 meses estos seres que no se conocían con anterioridad, desarrollasen este grado de amistad. La respuesta quizás viene dada por la coincidencia de venir todos ellos de años sin estudio, y que de alguna manera sintieron la necesidad de apoyarse mutuamente.
En algún momento, en medio de esta celebración-despedida recordamos a la compañera que nos decía en el aula que si se les dijese a los estudiantes que no seguirían estudios universitarios y no obtendrían un título académico, entonces nadie se inscribiría en la misión. Ante esta afirmación, le preguntamos al colectivo qué esperaban ellos obtener, un título o un trabajo con ingresos dignos. La respuesta mayoritaria fue que para obtener un trabajo con buenos ingresos hace falta el título.
Nada más cierto que eso...
Pero es cierto, sólo porque seguimos con los mismos paradigmas del Estado burgués y sus instituciones. A cada rato, escuchamos hablar de revolución, socialismo, Marx, Lenin, etc. pero sólo eso: palabras y más palabras, que en la práctica no transforman.
Entonces, cuál será el camino que nos lleve a una nueva educación que sirva para transformar esta sociedad opresora.
Nada más lejos de nuestro pensamiento, creer que somos tenedores de la varita mágica que resuelve los problemas, o que somos poseedores de la verdad absoluta. Pero, en la observación de estos colectivos humanos retorna la idea sobre lo que pasaría si la Misión Sucre les ofreciera la posibilidad de un trabajo con ingresos dignos a los estudiantes, sin necesidad de ir a la universidad.
¿Cómo? Pues bien, uno de los ejercicios que hacemos en el Taller de Orientación es el cuadro de saberes. En la práctica, se hace el ejercicio y ya.
Ajá, y si sistematizamos estos saberes individuales y los convertimos en colectivos. Y si vamos más allá y promovemos la generación de Unidades de Producción basadas en dichos saberes, donde los participantes sean los mismos estudiantes, sin patrón público o privado, estimulando la moral de productores y desechando la moral de esclavos.
¿Creen Uds. que bajo esas condiciones un estudiante acudiría con alegría a las sesiones de formación académica, política e ideológica? Nosotros pensamos que sí.
Ajá, ¿Y que estudiarían? Pues bien, estudiarían lo que los colectivos fuesen considerando necesario para su formación; por supuesto, que seguramente privilegiarían el estudio de los aspectos inherentes a la buena marcha de esas Unidades de Producción.
Una ganancia adicional sería la eliminación de las notas y calificaciones porque a todos les interesaría que cada individuo aprendiese por igual, para entre otras cosas superar la división social del trabajo. Acá, sería innecesario que un grupo de expertos acreditase los saberes, puesto que el trabajo cotidiano se convertiría en el mejor evaluador.
Evidentemente, hablamos de Unidades de Producción Socialistas, porque su dirección y administración estaría en manos de todos y donde sus excedentes deberían ir a un Fondo Social Comunitario para coadyuvar a la transformación de toda la sociedad.
¿Qué esto es una locura? ¿Un sueño utópico? Bien, déjennos seguir soñando.
Si en algún espacio se puede observar hacia donde se encamina esto que algunos llaman “proceso”, es en la Misión Sucre. Acá nada es homogéneo, todo es diverso: raza, género, edad, credo, militancia. Tal vez, sea entonces esta misión el lugar ideal para quien desee profundizar en el análisis de cuanto se ha logrado y en donde hemos fallado, en estos últimos años.
Claro, no es algo que se pueda percibir de una rápida pasada, hace falta recorrer sus caminos, adentrarse en sus veredas, pararse en sus esquinas, agudizar la mirada, penetrar en las historias humanas, escuchar con atención a los seres que conviven en esta comunidad.
A primera vista, se percibe un grupo compacto de hombres y mujeres en defensa de la revolución. Pero, cuando nos dedicamos a dialogar en pequeños grupos o en forma individual, comienzan a aparecer todos los problemas que no hemos podido superar.
Sin embargo, no es sobre esto que pretendemos hablar ahora, porque sería llover sobre mojado y nos quedaríamos en la crítica, y siendo fiel a lo que señalamos a los estudiantes, debemos plantear siempre nuestra idea de como superarla.
Como siempre, la solución que nos permite teorizar la obtenemos de la práctica cotidiana.
Esa práctica nos condujo a un par de reuniones de fin de curso con 2 colectivos de aldeas diferentes. En ambas, notamos la alegría que conlleva este tipo de actividades pero al mismo tiempo la nostalgia al comprender que difícilmente volvería a repetirse con el mismo grupo, ya que cada quien iría a estudios diferentes.
Llama la atención como en apenas 4 meses estos seres que no se conocían con anterioridad, desarrollasen este grado de amistad. La respuesta quizás viene dada por la coincidencia de venir todos ellos de años sin estudio, y que de alguna manera sintieron la necesidad de apoyarse mutuamente.
En algún momento, en medio de esta celebración-despedida recordamos a la compañera que nos decía en el aula que si se les dijese a los estudiantes que no seguirían estudios universitarios y no obtendrían un título académico, entonces nadie se inscribiría en la misión. Ante esta afirmación, le preguntamos al colectivo qué esperaban ellos obtener, un título o un trabajo con ingresos dignos. La respuesta mayoritaria fue que para obtener un trabajo con buenos ingresos hace falta el título.
Nada más cierto que eso...
Pero es cierto, sólo porque seguimos con los mismos paradigmas del Estado burgués y sus instituciones. A cada rato, escuchamos hablar de revolución, socialismo, Marx, Lenin, etc. pero sólo eso: palabras y más palabras, que en la práctica no transforman.
Entonces, cuál será el camino que nos lleve a una nueva educación que sirva para transformar esta sociedad opresora.
Nada más lejos de nuestro pensamiento, creer que somos tenedores de la varita mágica que resuelve los problemas, o que somos poseedores de la verdad absoluta. Pero, en la observación de estos colectivos humanos retorna la idea sobre lo que pasaría si la Misión Sucre les ofreciera la posibilidad de un trabajo con ingresos dignos a los estudiantes, sin necesidad de ir a la universidad.
¿Cómo? Pues bien, uno de los ejercicios que hacemos en el Taller de Orientación es el cuadro de saberes. En la práctica, se hace el ejercicio y ya.
Ajá, y si sistematizamos estos saberes individuales y los convertimos en colectivos. Y si vamos más allá y promovemos la generación de Unidades de Producción basadas en dichos saberes, donde los participantes sean los mismos estudiantes, sin patrón público o privado, estimulando la moral de productores y desechando la moral de esclavos.
¿Creen Uds. que bajo esas condiciones un estudiante acudiría con alegría a las sesiones de formación académica, política e ideológica? Nosotros pensamos que sí.
Ajá, ¿Y que estudiarían? Pues bien, estudiarían lo que los colectivos fuesen considerando necesario para su formación; por supuesto, que seguramente privilegiarían el estudio de los aspectos inherentes a la buena marcha de esas Unidades de Producción.
Una ganancia adicional sería la eliminación de las notas y calificaciones porque a todos les interesaría que cada individuo aprendiese por igual, para entre otras cosas superar la división social del trabajo. Acá, sería innecesario que un grupo de expertos acreditase los saberes, puesto que el trabajo cotidiano se convertiría en el mejor evaluador.
Evidentemente, hablamos de Unidades de Producción Socialistas, porque su dirección y administración estaría en manos de todos y donde sus excedentes deberían ir a un Fondo Social Comunitario para coadyuvar a la transformación de toda la sociedad.
¿Qué esto es una locura? ¿Un sueño utópico? Bien, déjennos seguir soñando.
jueves, 15 de julio de 2010
Misión Sucre o universidades (IV)
Carlos J. Acosta
Si el salto cualitativo hacia la construcción de Otra escuela que privilegie el pensamiento crítico, es el paso del Intelectual Orgánico al Intelectual Colectivo, entonces debemos necesariamente construir un nuevo paradigma educativo.
Hasta ahora, nos mantenemos dentro del viejo esquema de la universidad tradicional y sus relaciones académicas marcadas, más allá de cierta retórica seudorevolucionaria, por la relación profesor-alumno, y donde la libertad de pensamiento se permite siempre y cuando no contraríe los lineamientos del poder.
La pregunta es: ¿Qué hemos conseguido? Nosotros pensamos que más allá de cancelar la deuda social educativa acumulada por siglos de exclusión, que no es poca cosa ciertamente, no hemos avanzado hacia la construcción de ese nuevo sujeto social que privilegie la participación protagónica de las comunidades y mantenga su autonomía política.
Y no lo hemos logrado porque necesitamos formar los facilitadores que coadyuven a llevar adelante este proceso. Mientras privilegiemos el título académico sobre la condición de luchador social, de militante formado, para cumplir ese rol, seguramente formaremos nuevos Escarrá pero pocos Clever Ramírez, y pensaremos que ser socialistas es aprovecharnos de nuestra fuerza física o cualquier otra artimaña, para obtener los saberes necesarios para aprobar materias y conseguir el “anhelado” título.
A partir de nuestra experiencia en la Misión Sucre y en las aldeas universitarias, en el rol de estudiantes y facilitadores, hemos aprendido que es falso eso de “loro viejo no aprende a hablar” y nos hemos encontrado con hombres y mujeres que en las aulas de clase son los verdaderos facilitadores, transmitiendo con su ejemplo de vida a las nuevas generaciones que la lucha por formarse para transformar la sociedad es el gran objetivo.
Claro que esta condición se ve afectada cuando las relaciones académicas se enturbian con la presencia de “profesores” que se asumen poseedores de la verdad absoluta y no entienden para nada el Método Proyecto como base fundamental para este proceso de enseñanza-aprendizaje.
En 1946, Kurt Lewin creó la Investigación-Acción Participativa, con 3 premisas fundamentales: Aprender a ser, Aprender a hacer y Aprender a Aprender. Las 2 primeras no son más que reconstruirnos desde la ética y obtener saberes en la práctica; pero es la última donde creemos que está el quid del problema a resolver. Muchos compañer@s señalan que Aprender a Aprender es desaprender lo aprendido para comenzar de nuevo, como si nuestra computadora cerebral permitiese enviar a la papelera de reciclaje los saberes adquiridos en el pasado.
Seguramente, podemos desaprender antivalores pero no pensamos que Lewin se refiriese a eso cuando planteo su trabajo. Nosotros, con gran irreverencia ciertamente con este señor, pensamos que se debe cambiar esta premisa por la de “Aprender a Aprehender”; es decir, aprender a apoderarnos de los saberes de una nueva forma, que no es otra que el aprendizaje en colectivo, donde la educación privilegie la construcción de conocimientos a través de la investigación, genere la divulgación de estos nuevos saberes obtenidos mediante el ejercicio diario de democracia en las aulas de clase y se oriente hacia consolidación de la interrelación escuela- comunidad favoreciendo la producción de alimentos, ciencia y conciencia de la que nos hablaba Clever.
Para esto, no hace falta acudir al auxilio de los grandes pensadores europeos de la historia, sino buscar en nuestras raíces; allí están para auxiliarnos Samuel Robinson con su “…si hemos de imitar a otros, imitemos su originalidad”, “…inventamos o erramos”, o Juan Carlos Mariátegui: “…ni calco, ni copia, debe ser creación heroica…”. O tal vez más cerca en el tiempo y en los afectos con Roland Denis: “Pedagogizar la política y Politizar la pedagogía”.
En síntesis, se trata de plantear en las aulas de clase y fuera de ellas, discusiones abiertas sin temas de estudio escogidos de antemano; que los colectivos decidan la dinámica del aprendizaje. Asumiendo una nueva premisa: “La ignorancia acabará cuando las cosas sean presentadas tal cual son, y cuando su conocimiento sea proporcionado del modo más adecuado para el ser humano.
Si el salto cualitativo hacia la construcción de Otra escuela que privilegie el pensamiento crítico, es el paso del Intelectual Orgánico al Intelectual Colectivo, entonces debemos necesariamente construir un nuevo paradigma educativo.
Hasta ahora, nos mantenemos dentro del viejo esquema de la universidad tradicional y sus relaciones académicas marcadas, más allá de cierta retórica seudorevolucionaria, por la relación profesor-alumno, y donde la libertad de pensamiento se permite siempre y cuando no contraríe los lineamientos del poder.
La pregunta es: ¿Qué hemos conseguido? Nosotros pensamos que más allá de cancelar la deuda social educativa acumulada por siglos de exclusión, que no es poca cosa ciertamente, no hemos avanzado hacia la construcción de ese nuevo sujeto social que privilegie la participación protagónica de las comunidades y mantenga su autonomía política.
Y no lo hemos logrado porque necesitamos formar los facilitadores que coadyuven a llevar adelante este proceso. Mientras privilegiemos el título académico sobre la condición de luchador social, de militante formado, para cumplir ese rol, seguramente formaremos nuevos Escarrá pero pocos Clever Ramírez, y pensaremos que ser socialistas es aprovecharnos de nuestra fuerza física o cualquier otra artimaña, para obtener los saberes necesarios para aprobar materias y conseguir el “anhelado” título.
A partir de nuestra experiencia en la Misión Sucre y en las aldeas universitarias, en el rol de estudiantes y facilitadores, hemos aprendido que es falso eso de “loro viejo no aprende a hablar” y nos hemos encontrado con hombres y mujeres que en las aulas de clase son los verdaderos facilitadores, transmitiendo con su ejemplo de vida a las nuevas generaciones que la lucha por formarse para transformar la sociedad es el gran objetivo.
Claro que esta condición se ve afectada cuando las relaciones académicas se enturbian con la presencia de “profesores” que se asumen poseedores de la verdad absoluta y no entienden para nada el Método Proyecto como base fundamental para este proceso de enseñanza-aprendizaje.
En 1946, Kurt Lewin creó la Investigación-Acción Participativa, con 3 premisas fundamentales: Aprender a ser, Aprender a hacer y Aprender a Aprender. Las 2 primeras no son más que reconstruirnos desde la ética y obtener saberes en la práctica; pero es la última donde creemos que está el quid del problema a resolver. Muchos compañer@s señalan que Aprender a Aprender es desaprender lo aprendido para comenzar de nuevo, como si nuestra computadora cerebral permitiese enviar a la papelera de reciclaje los saberes adquiridos en el pasado.
Seguramente, podemos desaprender antivalores pero no pensamos que Lewin se refiriese a eso cuando planteo su trabajo. Nosotros, con gran irreverencia ciertamente con este señor, pensamos que se debe cambiar esta premisa por la de “Aprender a Aprehender”; es decir, aprender a apoderarnos de los saberes de una nueva forma, que no es otra que el aprendizaje en colectivo, donde la educación privilegie la construcción de conocimientos a través de la investigación, genere la divulgación de estos nuevos saberes obtenidos mediante el ejercicio diario de democracia en las aulas de clase y se oriente hacia consolidación de la interrelación escuela- comunidad favoreciendo la producción de alimentos, ciencia y conciencia de la que nos hablaba Clever.
Para esto, no hace falta acudir al auxilio de los grandes pensadores europeos de la historia, sino buscar en nuestras raíces; allí están para auxiliarnos Samuel Robinson con su “…si hemos de imitar a otros, imitemos su originalidad”, “…inventamos o erramos”, o Juan Carlos Mariátegui: “…ni calco, ni copia, debe ser creación heroica…”. O tal vez más cerca en el tiempo y en los afectos con Roland Denis: “Pedagogizar la política y Politizar la pedagogía”.
En síntesis, se trata de plantear en las aulas de clase y fuera de ellas, discusiones abiertas sin temas de estudio escogidos de antemano; que los colectivos decidan la dinámica del aprendizaje. Asumiendo una nueva premisa: “La ignorancia acabará cuando las cosas sean presentadas tal cual son, y cuando su conocimiento sea proporcionado del modo más adecuado para el ser humano.
martes, 29 de junio de 2010
Misión Sucre o universidades (III)
Carlos J. Acosta
Una de las cosas que debemos reconocer en cada momento es que cuando escribimos no somos originales y que muy pocas cosas son paridas por nuestro cerebro. Lo que plasmamos en un escrito no es más que una sistematización de palabras que escuchamos, leemos o que surgen de la conversa con compañer@s y amig@s. Por tal motivo, siempre hemos planteado nuestro desacuerdo con la llamada propiedad intelectual, causando resquemor en todos los “intelectuales”, aún en aquellos que se asumen revolucionarios.
Esta sistematización nos permite hacer nuestra, frases como las de la compañera Nela, quien nos escribe desde la neblina londinense: “La escuela, la universidad y la vida no son más que la expresión de lo que ideológicamente construimos y construyen los que manejan el poder. ¿Dónde puede entonces radicar la diferencia entre los conceptos de conocimiento y aprendizaje? Sólo en la búsqueda de un nuevo contexto donde la horizontalidad puede permitirnos un diálogo de saberes, que destierre para siempre el valor de conocimiento = poder”.
Y nosotros, al igual que señala la amiga, también hemos visto: “… compañeras y compañeros que en silencio han ido descubriendo sus fortalezas para luego reforzarlas y convertirse en multiplicadores de reflexión, todo gracias a un facilitador enamorado de lo que hace, o de un maestro que vive la escuela como su propia vida”.
Precisamente por esto hablamos de Otra escuela que se convierta en un foro orgánico de autoorganización popular, donde el pueblo a través del diálogo de saberes encamine su proceso de liberación, asumiendo un compromiso de lucha desde su cotidianidad.
Por supuesto, que esto no puede surgir por generación espontánea. Se hace necesario construir ese facilitador de la emancipación comunitaria que facilite el trabajo de las comunidades.
Ahora bien, ¿Cómo construimos ese facilitador, ese ser que conjugue en si mismo el pensar y el hacer?
Nosotros pensamos que debe ser un intelectual orgánico gramsciano. Un pensador, soñador y constructor de sendas libertarias cuya práctica se inserte en la comunidad a la cual pertenece y que ha decidido asumirse como sujeto político de su propia autodeterminación.
Y cuando hablamos de este Intelectual Orgánico que debe fraguarse dentro de la experiencia de la Misión Sucre, nos referimos a un militante formado y comprometido con el proceso de cambios y transformaciones del país, que privilegie la participación protagónica de las comunidades en el diagnóstico de su problemática y en la ejecución y evaluación de sus proyectos, asumiendo en todo momento su autonomía política.
Para nada necesitamos formar agentes de la reproducción de los lazos sociales dominantes, y mucho menos actores de la reacción. Ahora, es urgente producir auténticos militantes de la transformación social que manejen el pensamiento crítico como compromiso de vida.
Lo contrario, no es más que continuar con esta nueva fábrica de reproductores de orden en que intentan convertir a la UBV.
Si continuamos con la política de aquel filósofo de las calles caraqueñas: “… como vaya viniendo, vamos viendo”, nos llenaremos de licenciados, doctores, profesores, incapaces de imbuirse de desobediencia, rebeldía e insurrección.
Por supuesto que se trata de una acción heroica como diría Mariátegui, y ésta no puede ser una adivinanza, sino que tiene que ser planificada desde la visión de Freire que nadie enseña a nadie y nadie aprende sólo. En otras palabras: elaborar un plan para construir un futuro deseado y no simplemente adivinado, cimentado en el protagonismo popular para la construcción de una sociedad irreverente y libertaria.
No debemos profetizar el futuro, debemos planificarlo en base a una nueva cultura política que se cimente en el protagonismo popular y la acción y educación liberadora
Entonces hablamos de Otra escuela con espíritu robinsoniano generadora de las bases para la construcción del Autogobierno Comunitario. Otra escuela que se encamine a la formación de hombres y mujeres con moral de productores y no con moral de esclavos. Otra escuela para la formación de un “nosotros socialista”, de un “intelectual colectivo”.
Una de las cosas que debemos reconocer en cada momento es que cuando escribimos no somos originales y que muy pocas cosas son paridas por nuestro cerebro. Lo que plasmamos en un escrito no es más que una sistematización de palabras que escuchamos, leemos o que surgen de la conversa con compañer@s y amig@s. Por tal motivo, siempre hemos planteado nuestro desacuerdo con la llamada propiedad intelectual, causando resquemor en todos los “intelectuales”, aún en aquellos que se asumen revolucionarios.
Esta sistematización nos permite hacer nuestra, frases como las de la compañera Nela, quien nos escribe desde la neblina londinense: “La escuela, la universidad y la vida no son más que la expresión de lo que ideológicamente construimos y construyen los que manejan el poder. ¿Dónde puede entonces radicar la diferencia entre los conceptos de conocimiento y aprendizaje? Sólo en la búsqueda de un nuevo contexto donde la horizontalidad puede permitirnos un diálogo de saberes, que destierre para siempre el valor de conocimiento = poder”.
Y nosotros, al igual que señala la amiga, también hemos visto: “… compañeras y compañeros que en silencio han ido descubriendo sus fortalezas para luego reforzarlas y convertirse en multiplicadores de reflexión, todo gracias a un facilitador enamorado de lo que hace, o de un maestro que vive la escuela como su propia vida”.
Precisamente por esto hablamos de Otra escuela que se convierta en un foro orgánico de autoorganización popular, donde el pueblo a través del diálogo de saberes encamine su proceso de liberación, asumiendo un compromiso de lucha desde su cotidianidad.
Por supuesto, que esto no puede surgir por generación espontánea. Se hace necesario construir ese facilitador de la emancipación comunitaria que facilite el trabajo de las comunidades.
Ahora bien, ¿Cómo construimos ese facilitador, ese ser que conjugue en si mismo el pensar y el hacer?
Nosotros pensamos que debe ser un intelectual orgánico gramsciano. Un pensador, soñador y constructor de sendas libertarias cuya práctica se inserte en la comunidad a la cual pertenece y que ha decidido asumirse como sujeto político de su propia autodeterminación.
Y cuando hablamos de este Intelectual Orgánico que debe fraguarse dentro de la experiencia de la Misión Sucre, nos referimos a un militante formado y comprometido con el proceso de cambios y transformaciones del país, que privilegie la participación protagónica de las comunidades en el diagnóstico de su problemática y en la ejecución y evaluación de sus proyectos, asumiendo en todo momento su autonomía política.
Para nada necesitamos formar agentes de la reproducción de los lazos sociales dominantes, y mucho menos actores de la reacción. Ahora, es urgente producir auténticos militantes de la transformación social que manejen el pensamiento crítico como compromiso de vida.
Lo contrario, no es más que continuar con esta nueva fábrica de reproductores de orden en que intentan convertir a la UBV.
Si continuamos con la política de aquel filósofo de las calles caraqueñas: “… como vaya viniendo, vamos viendo”, nos llenaremos de licenciados, doctores, profesores, incapaces de imbuirse de desobediencia, rebeldía e insurrección.
Por supuesto que se trata de una acción heroica como diría Mariátegui, y ésta no puede ser una adivinanza, sino que tiene que ser planificada desde la visión de Freire que nadie enseña a nadie y nadie aprende sólo. En otras palabras: elaborar un plan para construir un futuro deseado y no simplemente adivinado, cimentado en el protagonismo popular para la construcción de una sociedad irreverente y libertaria.
No debemos profetizar el futuro, debemos planificarlo en base a una nueva cultura política que se cimente en el protagonismo popular y la acción y educación liberadora
Entonces hablamos de Otra escuela con espíritu robinsoniano generadora de las bases para la construcción del Autogobierno Comunitario. Otra escuela que se encamine a la formación de hombres y mujeres con moral de productores y no con moral de esclavos. Otra escuela para la formación de un “nosotros socialista”, de un “intelectual colectivo”.
jueves, 17 de junio de 2010
Misión Sucre o universidades (II)
Carlos J. Acosta
Antes de continuar con el plan de escribir varios artículos sobre el mismo tema, basado en nuestra experiencia como estudiantes primero y como facilitadores después en la Misión Sucre, queremos compartir varios comentarios que nos hacen llegar algún@s compañer@s.
Apunta bien Milton desde Ecuador sobre el carácter revolucionario de la universidad en tiempos de la Ilustración, pero lo cierto es que pensamos que se trata de un formato caduco que ya no da más.
La verdad aunque nace en la palabra, se prueba en los hechos, y los hechos, la realidad mundial es que la universidad ha servido para formar seres individualistas, egoístas, obedientes y subordinados al orden social existente. Y ahí está lo paradójico, porque estos seres en su inmensa mayoría fueron jóvenes llenos de sueños que se acercaron a la universidad ilusionados con un mundo mejor, y a quienes esa misma universidad fue de a poquito cortándole las alas de su imaginación, para convertirlos en calco y copia de sus “profesores”.
Lo otro, que si no fuese por lo trágico para el proceso de transformaciones necesarias, no pasaría de ser anecdótico, es que algún@s compas nos apuntan estar de acuerdo con nuestros comentarios sobre el último acto de graduación de la UBV; la verdad es que no asistimos a ese acto, ni sabíamos que se realizaría, pero claro que conociendo a los personajes involucrados no resulta difícil previsualizar sus actuaciones.
En una oportunidad planteamos en una conversa dentro de la universidad que el presidente se había equivocado cuando nombró una Comisión Técnica para conformar el psuv, descartando a los jefes de batallones y pelotones artífices de su triunfo en 2006. Este comentario nos valió ser denunciado ante una Asamblea de Propulsores, por una de es@s comisari@s que ya empezaban a aparecer dentro del chavismo; decidimos retirarnos de dicha reunión y de la idea de colaborar en la conformación de ese partido, no tanto por la actitud contrarevolucionaria de diosdado cabello, al negarnos el derecho de palabra para defendernos de la acusación, sino por la pasividad y complacencia del auditorio de propulsores quienes con su silencio convalidaron el atropello.
Ahora no sabemos de donde tendremos que retirarnos, pero sostenemos que el presidente cometió un gran error al entregar las instalaciones de Puerto La Mar a la UBV. La lucha contra el consorcio depredador que pretendía instalar un puerto de cruceros atentando contra la pesca margariteña, la dieron casi en solitario los pescadores de Playa Valdez. Ellos resistieron ante las amenazas de sicarios y ante el ofrecimiento de prebendas, llegando hasta los límites de sus fuerzas físicas y recursos económicos. Y es a ellos y a nadie más a quienes corresponde la custodia de ese espacio.
Ah, que la burocracia necesita una institución del Estado para que sea regente de Puerto La Mar, pues bien, ninguna mejor que la Misión Sucre que es la organización que nos convoca a todos: pueblo organizado, estudiantes, facilitadores y coordinadores.
La decisión presidencial ha puesto en manos de un grupito de coodinador@s el control de las instalaciones (para que tengan una idea es como si hablásemos del claustro en la UCV). Otra cosa hubiese ocurrido, si la Misión Sucre bajo la vigilancia y control de los pescadores de Playa Valdez coordinase el uso de esa construcción; no dudamos ni por un momento que para la fecha estarían funcionando allí una o varias radios comunitarias, una televisora del pueblo, el periódico de los estudiantes, el gas comunal; y al mismo tiempo sería sede de las otras misiones educativas y sociales y de los consejos comunales de la zona.
Y es aquí donde observamos la contradicción entre el discurso y la práctica, la inconsecuencia con lo que se pregona a diario, llenando de desesperanza a este pueblo que se atrevió a soñar con un mundo mejor.
La derecha no descansa y se muestra presta a dar un zarpazo que probablemente nos haría retroceder unos 60 años en lo que a conquistas sociales se refiere.
El panita Alí lo dijo con claridad: … mientras más se tarde más difícil es.
Antes de continuar con el plan de escribir varios artículos sobre el mismo tema, basado en nuestra experiencia como estudiantes primero y como facilitadores después en la Misión Sucre, queremos compartir varios comentarios que nos hacen llegar algún@s compañer@s.
Apunta bien Milton desde Ecuador sobre el carácter revolucionario de la universidad en tiempos de la Ilustración, pero lo cierto es que pensamos que se trata de un formato caduco que ya no da más.
La verdad aunque nace en la palabra, se prueba en los hechos, y los hechos, la realidad mundial es que la universidad ha servido para formar seres individualistas, egoístas, obedientes y subordinados al orden social existente. Y ahí está lo paradójico, porque estos seres en su inmensa mayoría fueron jóvenes llenos de sueños que se acercaron a la universidad ilusionados con un mundo mejor, y a quienes esa misma universidad fue de a poquito cortándole las alas de su imaginación, para convertirlos en calco y copia de sus “profesores”.
Lo otro, que si no fuese por lo trágico para el proceso de transformaciones necesarias, no pasaría de ser anecdótico, es que algún@s compas nos apuntan estar de acuerdo con nuestros comentarios sobre el último acto de graduación de la UBV; la verdad es que no asistimos a ese acto, ni sabíamos que se realizaría, pero claro que conociendo a los personajes involucrados no resulta difícil previsualizar sus actuaciones.
En una oportunidad planteamos en una conversa dentro de la universidad que el presidente se había equivocado cuando nombró una Comisión Técnica para conformar el psuv, descartando a los jefes de batallones y pelotones artífices de su triunfo en 2006. Este comentario nos valió ser denunciado ante una Asamblea de Propulsores, por una de es@s comisari@s que ya empezaban a aparecer dentro del chavismo; decidimos retirarnos de dicha reunión y de la idea de colaborar en la conformación de ese partido, no tanto por la actitud contrarevolucionaria de diosdado cabello, al negarnos el derecho de palabra para defendernos de la acusación, sino por la pasividad y complacencia del auditorio de propulsores quienes con su silencio convalidaron el atropello.
Ahora no sabemos de donde tendremos que retirarnos, pero sostenemos que el presidente cometió un gran error al entregar las instalaciones de Puerto La Mar a la UBV. La lucha contra el consorcio depredador que pretendía instalar un puerto de cruceros atentando contra la pesca margariteña, la dieron casi en solitario los pescadores de Playa Valdez. Ellos resistieron ante las amenazas de sicarios y ante el ofrecimiento de prebendas, llegando hasta los límites de sus fuerzas físicas y recursos económicos. Y es a ellos y a nadie más a quienes corresponde la custodia de ese espacio.
Ah, que la burocracia necesita una institución del Estado para que sea regente de Puerto La Mar, pues bien, ninguna mejor que la Misión Sucre que es la organización que nos convoca a todos: pueblo organizado, estudiantes, facilitadores y coordinadores.
La decisión presidencial ha puesto en manos de un grupito de coodinador@s el control de las instalaciones (para que tengan una idea es como si hablásemos del claustro en la UCV). Otra cosa hubiese ocurrido, si la Misión Sucre bajo la vigilancia y control de los pescadores de Playa Valdez coordinase el uso de esa construcción; no dudamos ni por un momento que para la fecha estarían funcionando allí una o varias radios comunitarias, una televisora del pueblo, el periódico de los estudiantes, el gas comunal; y al mismo tiempo sería sede de las otras misiones educativas y sociales y de los consejos comunales de la zona.
Y es aquí donde observamos la contradicción entre el discurso y la práctica, la inconsecuencia con lo que se pregona a diario, llenando de desesperanza a este pueblo que se atrevió a soñar con un mundo mejor.
La derecha no descansa y se muestra presta a dar un zarpazo que probablemente nos haría retroceder unos 60 años en lo que a conquistas sociales se refiere.
El panita Alí lo dijo con claridad: … mientras más se tarde más difícil es.
martes, 15 de junio de 2010
Misión Sucre o universidades (I)
Carlos J. Acosta
Este es un dilema que nos viene llamando a la reflexión desde el momento cuando el compañero Chávez habló de construir 80 universidades a lo largo y ancho del país. Evidentemente, nos encontramos ante 2 propuestas, por un lado la propuesta liberal reforzada por toda la tradición de la Revolución Francesa, de crear instituciones de educación superior, como le gusta decir a la otra derecha (la endógena dice educación universitaria); y por la otra la propuesta robinsoniana de educación continua y permanente que no le rinde pleitesía a calificaciones ni títulos.
La derecha, la endógena, habla de nuevos paradigmas y como muestra de ello cambia el birrete por una boina en los actos de graduación, aunque mantiene intacto todo el protocolo de este tipo de actos; la derecha, la otra, sonríe.
Nos señala un amigo que debemos entender la parte de ternura involucrada en estos actos. Sí, tal vez tenga razón y sea bien importante para una mujer o un hombre de nuestro pueblo que sus hij@s o su anciana madre l@s vean con un título, pero pensamos que el problema se presenta cuando se deja que el título tenga más importancia de la que realmente merece.
Cuando por casualidad nos encontramos con todo el entramado que nuestras autoridades universitarias montan con motivo de las graduaciones, vemos reproducida toda la parafernalia de los actos reproductores de la sociedad alienante que nos ha tocado vivir a lo largo de la historia de la humanidad.
Tal vez estemos equivocados en nuestra apreciación, pero cada vez que asistimos a estos actos dentro de nuestras universidades “alternativas”, vemos reflejada la sociedad adeca que se niega a morir.
Y aquí creemos pertinente, si hablamos de revolución, de transformar la sociedad, preguntarnos si debemos mejorar nuestras universidades o simplemente eliminar el concepto de universidad.
¡BLASFEMO!, ¡ANARQUISTA!, grita la derecha, la endógena y la otra, y es que en este punto se presenta una comunión de intereses entre todos los “profesionales”, con el manido argumento que ellos se quemaron las pestañas estudiando, como si hubiesen estudiado con velas.
Y es que aquí la derecha revolucionaria, la endógena por supuesto, entra en contradicción con su discurso de una sociedad sin clases, sin privilegios; como puede lograrse eso, si dividimos la sociedad en profesionales y no profesionales. Nosotros creemos que están en todo su derecho de pensar un país repleto de universidades, pero no lo hagan en nombre de Marx, no le echen esa vaina.
Ustedes pueden agarrarse de las manitos y gritar U U UCV o U U UBV, pero eso no tiene nada que ver con rebeldía, con insumisión, con transformaciones profundas de la sociedad, sino con reproducir en nuestros espacios a la universidad como institución castrante de lo mejor del pensamiento de nuestro pueblo.
Basta sentarse un rato a escuchar las conversaciones de muchos de nuestros estudiantes de derecha, de la otra y de la endógena, para notar que en su forma de expresarse se identifica a seres que ya se consideran superiores al resto del pueblo.
Claro, si no formamos los facilitadores que incentiven el pensamiento crítico, como podemos esperar que estas instituciones no se conviertan en fábricas de mediocres sin sensibilidad social, futuros defensores de las bondades de la academia, quienes no bien obtienen un título se hacen imprimir su tarjeta de doctor fulano o doctora fulana.
Si nos conformamos con ver a los estudiantes como un apoyo para el logro de conquistas electorales, exigiéndoles movilización cada vez que se presenta un evento partidista; y por otro lado, presionamos y desconvocamos sus actividades dirigidas a la organización estudiantil, no podemos esperar una generación revolucionaria e impulsora de la transformación necesaria.
Este es un dilema que nos viene llamando a la reflexión desde el momento cuando el compañero Chávez habló de construir 80 universidades a lo largo y ancho del país. Evidentemente, nos encontramos ante 2 propuestas, por un lado la propuesta liberal reforzada por toda la tradición de la Revolución Francesa, de crear instituciones de educación superior, como le gusta decir a la otra derecha (la endógena dice educación universitaria); y por la otra la propuesta robinsoniana de educación continua y permanente que no le rinde pleitesía a calificaciones ni títulos.
La derecha, la endógena, habla de nuevos paradigmas y como muestra de ello cambia el birrete por una boina en los actos de graduación, aunque mantiene intacto todo el protocolo de este tipo de actos; la derecha, la otra, sonríe.
Nos señala un amigo que debemos entender la parte de ternura involucrada en estos actos. Sí, tal vez tenga razón y sea bien importante para una mujer o un hombre de nuestro pueblo que sus hij@s o su anciana madre l@s vean con un título, pero pensamos que el problema se presenta cuando se deja que el título tenga más importancia de la que realmente merece.
Cuando por casualidad nos encontramos con todo el entramado que nuestras autoridades universitarias montan con motivo de las graduaciones, vemos reproducida toda la parafernalia de los actos reproductores de la sociedad alienante que nos ha tocado vivir a lo largo de la historia de la humanidad.
Tal vez estemos equivocados en nuestra apreciación, pero cada vez que asistimos a estos actos dentro de nuestras universidades “alternativas”, vemos reflejada la sociedad adeca que se niega a morir.
Y aquí creemos pertinente, si hablamos de revolución, de transformar la sociedad, preguntarnos si debemos mejorar nuestras universidades o simplemente eliminar el concepto de universidad.
¡BLASFEMO!, ¡ANARQUISTA!, grita la derecha, la endógena y la otra, y es que en este punto se presenta una comunión de intereses entre todos los “profesionales”, con el manido argumento que ellos se quemaron las pestañas estudiando, como si hubiesen estudiado con velas.
Y es que aquí la derecha revolucionaria, la endógena por supuesto, entra en contradicción con su discurso de una sociedad sin clases, sin privilegios; como puede lograrse eso, si dividimos la sociedad en profesionales y no profesionales. Nosotros creemos que están en todo su derecho de pensar un país repleto de universidades, pero no lo hagan en nombre de Marx, no le echen esa vaina.
Ustedes pueden agarrarse de las manitos y gritar U U UCV o U U UBV, pero eso no tiene nada que ver con rebeldía, con insumisión, con transformaciones profundas de la sociedad, sino con reproducir en nuestros espacios a la universidad como institución castrante de lo mejor del pensamiento de nuestro pueblo.
Basta sentarse un rato a escuchar las conversaciones de muchos de nuestros estudiantes de derecha, de la otra y de la endógena, para notar que en su forma de expresarse se identifica a seres que ya se consideran superiores al resto del pueblo.
Claro, si no formamos los facilitadores que incentiven el pensamiento crítico, como podemos esperar que estas instituciones no se conviertan en fábricas de mediocres sin sensibilidad social, futuros defensores de las bondades de la academia, quienes no bien obtienen un título se hacen imprimir su tarjeta de doctor fulano o doctora fulana.
Si nos conformamos con ver a los estudiantes como un apoyo para el logro de conquistas electorales, exigiéndoles movilización cada vez que se presenta un evento partidista; y por otro lado, presionamos y desconvocamos sus actividades dirigidas a la organización estudiantil, no podemos esperar una generación revolucionaria e impulsora de la transformación necesaria.
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